El primer colorante sintético

El primer colorante sintético fue desarrollado en 1856 en Inglaterra por W.H. Perkin, quien lo descubrió por casualidad a la edad de 18 años.

Su mentor, el químico Augusto W. Hofmann, trataba de obtener por vía sintética la quinina, un medicamento contra la malaria, a partir de un producto del alquitrán de hulla: la anilina. El joven estudiante, durante unas vacaciones, intentaba oxidar la anilina en su propio laboratorio cuando, después de añadirle alcohol a uno de sus experimentos, consiguió obtener un producto de tonalidad púrpura claro, es decir, malva.

Este descubrimiento fue tan importante que los químicos de Europa se lanzaron a preparar más colorantes sintéticos. Así, en 1859, el químico francés Emmanuel Verguin descubrió la fuchsina como segundo colorante sintético, en este caso de color rojo. Posteriormente, la colaboración ejemplar entre universitarios e industriales convirtió a Alemania en el centro indiscutible de la industria química del tinte. Los colorantes sintéticos se impusieron rápidamente sobre los naturales ya que eran mucho más baratos y daban como resultado más variedad de colores.