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La proteína verde fluorescente

El biólogo estadounidense Osamu Shimoura consiguió aislar por vez primera en 1960 la proteína verde fluorescente.

Gracias a sus estudios sobre la medusa bioluminiscente Aequorea victoria, logró una proteína que emitía una luz en la zona verde del espectro visible o fluorescente. La GFP (Green Fluorescente Protein) es una proteína que se utiliza habitualmente en biología molecular como marcador.

En 1988, otro biólogo norteamericano, Martin Chalfie logró clonar el gen que codifica esta proteína. Después de introducirlo en el gusano transparente C. Elegans inició la era del GFP como marcador de procesos en células y organismos. La ventaja era que permitía iluminar con precisión únicamente las estructuras que interesase investigar dentro de un organismo vivo. Así, podían estudiarse neuronas o células como no era posible hasta el momento.

Finalmente, Roger Tsien modificó la estructura de la proteína para producir moléculas que emitiesen luz a distintas longitudes de onda. De esta manera se ampliaba la paleta de colores de las proteínas fluorescentes.

Son muy versátiles. Se utilizan en diversos campos como la microbiología, la ingeniería genética, la fisiología y la ingeniería ambiental. Permiten ver procesos antes invisibles, como puede ser el desarrollo de las neuronas o cómo se diseminan las células cancerosas, entre otros muchos.

Los descubrimientos relacionados con la GFP hicieron merecedores a Shimomura, Chalfie y Tsien, de forma conjunta, del Premio Nobel de Química en 2008.

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