¿Existe algún método para lograr que un líquido o alguna bebida alcohólica pueda brillar sin necesidad de luz UV y que a la vez pueda ser consumida sin ningún problema para la salud?
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Cuando una sustancia absorbe energía, algunos de sus electrones más externos se excitan y  pasan a niveles energéticos superiores. Cuando cesa el aporte energético vuelven a sus posiciones primitivas y liberan la diferencia de energía en forma de radiación. Si un líquido homogéneo se expone a una radiación visible (longitud de onda 400-700 nm), retiene algunas longitudes de onda y transmite otras, siendo éstas las que llegan al ojo y el cerebro traduce como ‘color’.

Nuestra percepción de la tonalidad depende del iluminante empleado y por eso los fotógrafos utilizan ‘filtros’ en ciertas condiciones de iluminación (interiores, amanecer, atardecer, etc.) o la luz natural permite comparar mejor los tonos de telas o de ovillos de lana.

En el caso de los sólidos, además de la composición también influye la estructura y cuando la superficie es satinada brilla porque refleja la luz.  Si en un líquido transparente se dispersan, en pequeña proporción, pequeñas partículas o laminillas de un sólido reflectante, cuando le dé la luz esas partículas aparecerán como puntitos brillantes.  Hay fabricantes que han probado a añadir polvo de oro a bebidas alcohólicas espumosas o whiskies de malta de ‘alta gama’ (el precio, evidentemente, también lo es), puesto que el uso del oro como colorante alimentario (E-175) está autorizado en ciertos casos, al ser un metal muy noble. De menor coste son las pequeñas laminillas de mica recubiertas con óxido de titanio, cuyo uso está autorizado en los EE.UU. para conferir un brillo ‘perlado’ a los alimentos y sus coberturas.

Enviada por César.