La pólvora

Es la primera sustancia explosiva conocida. Utilizada principalmente como propulsor de proyectiles en las armas de fuego, también tiene fines acústicos o lúdicos, como en el caso de los juegos pirotécnicos o fuegos artificiales.

Su descubrimiento se ubica en China, datándolo sin precisión en el s. IX de nuestra era, donde lo utilizaban para sus fuegos artificiales, ya que no concibieron las armas de fuego a la manera occidental. 
Este explosivo fue introducido en el viejo continente por griegos y árabes a través de Oriente Próximo, alrededor del año 1.200.

A pesar de no conocerse la fecha exacta de su descubrimiento, ya en Europa, su fórmula aparece recogida en textos del monje inglés Roger Bacon, en el s. XII. 
En el s. XIV el monje alemán Berthold Schwarz pudo haber sido el primero en usarla en un proyectil. Y el primer intento conocido de su uso para minar los muros de fortificaciones data del año 1403, en la ciudad italiana de Pisa. 
Esta pólvora “inicial” fue desplazada por la pólvora nitrocelulósica, o sin humo, en la última década del siglo XIX, gracias al nulo residuo que dejaban en el ánima de los cañones, lo que supuso una gran ventaja, ya que se podían disparar cientos de disparos sin tener que limpiar el cañón.