Fuego griego

Compuesto incendiario utilizado por el Imperio bizantino como arma arrojadiza durante las batallas navales. Supuso una ventaja tecnológica altamente eficaz frente a sus adversarios, ya que continuaba ardiendo incluso en el agua.

El secreto guardado en torno a su composición exacta aún perdura en nuestros días, aunque se cree que podría tratarse de nafta, azufre, nitrato potásico y óxido de calcio. Y es que en la posesión del fuego griego estaba una de las claves del dominio de la marina bizantina en el Mediterráneo oriental. Se dice que los esfuerzos por ocultar su composición llegaban hasta el punto de asesinar a cualquiera que consiguiera descubrir la fórmula.

Su invención se atribuye al arquitecto y alquimista Calínico (Callicinus de Heliópolis), sobre el año 670 en Constantinopla. Su mezcla secreta -quizá aprendida en Alejandría- permitió a los bizantinos obtener grandes victorias, como aquella contra la flota musulmana en Cícico que acabó con el asedio árabe de Constantinopla (del año 674 al 678).